El lado bueno de las cosas

El lado bueno de las cosas

Con los calores que padecemos estos días, no es de extrañar que la ‘operación bikini’ esté en su punto más álgido. Y es que se acabaron los fríos y con él, la ropa de abrigo que esconde los kilitos de más que arrastramos de las Navidades y que redondean nuestra figura una vez que optamos por ropa más ligera.

Este gusto por lo ‘delgado’, más allá de las implicaciones que tiene para nuestra salud, ha llegado hasta el paroxismo y ha establecido unos cánones de belleza, que superan el cuerpo masculino y femenino, e invaden otras parcelas de la vida como los dispositivos tecnológicos.

Muchas veces, concebidos como una extensión de la personalidad y del gusto de su propietario, dispositivos como los teléfonos móviles o los smartphones han sido ‘puestos a plan’ para responder al ideal de belleza del siglo XXI, en el que se rinde culto a una delgadez que roza lo patológico.

Smartphones que apenas llegan a los 6,5 mm de grosor es la imagen viva de que cuanto más delgado, mejor y en esta carrera se emplean numerosos fabricantes.

Lejos de promocionar una imagen irreal de la mujer, el gusto por lo ‘delgado’, en el caso concreto de las Tecnologías de la Información, ha favorecido el desarrollo de una próspera industria como es la de la nanotecnología, que ha proporcionado numerosos avances en el campo de la medicina, principalmente. El hecho de tener que dar respuesta a prestaciones que requieren una tecnología cada vez más compleja en un reducido espacio ha permitido por ejemplo, el desarrollo de nanotransportadores de fármacos a lugares específicos del cuerpo, que pueden ser útiles en el tratamiento del cáncer u otras enfermedades, biosensores moleculares con la capacidad de detectar alguna sustancia de interés como glucosa o algún biomarcador de alguna enfermedad o nanobots  programados para reconocer y destruir células tumorales.

Está claro que como en la vida, la realidad tiene siempre dos caras- una que nos gusta más y otra de la que somos menos partidarios – pero ambas van indisolublemente unidas y, en consecuencia, la aceptación de una implica necesariamente la asunción de la otra.

Por cierto, a nosotros sobretodo, nos gustan las líneas esbeltas y estilizadas, toma nota